martes, 10 de enero de 2023

Dos tarjetas de Emilio a Benjamina

Julieta Pando me regaló dos tarjetas que tenía guardadas Mimí Semorile, su mamá, recientemente fallecida, la querida tía Mimí.

La primera fue enviada por Emilio Semorile a Benjamina Currat cuando ella cumplía 23 años:

Me es grato saludarla en el fausto día de su natalicio y desearle un sinfín de felicidades.

Emilio Semorile

Baradero, octubre 8/911

La segunda también es de autoría de Emilio, fue dirigida a Benjamina desde Buenos Aires y no tiene fecha:

Por no verlas y para no llevarlas por delante por la calle Florida 6 (4?) p.m. figuras que se ven por esta y que estoy obligado a verlas por llevar la vista gacha.

Estoy haciendo todo lo posible por concluir hoy e irme esta noche y mañana poder verte.

Adios, tu adorado si no me equivoco.

Emilio





 

lunes, 12 de abril de 2021

Comisión Cooperadora del Hospital Municipal


 En casa de los Berisso, hoy Escuela Secundaria N.º 3 Juana Berisso, posan los integrantes de la Comisión Cooperadora del Hospital Municipal. Entre las damas, Sofía Guinsberg de Currat, sentada tercera desde la izquierda. El último señor de la derecha, al lado de su esposa, es el Dr. Astigueta, médico de la familia Semorile. Sentada, abajo del Dr. Astigueta, con un moño en su peinado y vestido de terciopelo, la tía Adela Semorile.

 

Y esta es la escuela Berisso hoy:


 

CABELLOS BLANCOS

 Que esté la mujer en el hogar: ¡¡esta es su misión!! Muy casera, muy familiar, muy de esposa sencilla y práctica, muy llena por lo tanto de genuina sabiduría.

KEMPIS

No sé por qué, a este nombre —BENJAMINA— lo asocié siempre a una imagen de algodonosa dulzura, a un canto de paz, a un sueño de maternal armonía, en el marco de una cara redondeada y de cabellos plateados.

Habitante imaginario de una rústica y confortable cabaña suiza, mientras, frente al caldero familiar, ella vigila el pan nuestro de cada día y prepara la clásica mantequilla.

¡Suiza! ¡Ahí está! Eso es todo ella. Una mamá suiza que encarna la poesía, el amor y la idiosincrasia serena del suelo que Dios ha bendecido con la paz.

Y hoy descubro que yo la pienso e imagino así desde aquella clase de historia en que Doña Benjamina nos habló de los primeros colonizadores que dieron impulso y renombre agrícola a nuestro pueblo. ¡Cómo se iluminaban sus ojos! ¡Cómo vibraba su acento al esbozar figuras y cosas!

Todo para significar hasta dónde se conmueve la fibra infantil al conjuro de dulces y sinceras palabras y de qué forma vibra en el recuerdo la bondad de una mujer que en todas sus acciones pone algo de su innata mesura y benevolencia.

Es parte directriz y también componente de dos asociaciones parroquiales; trabaja con ejemplar dedicación y siempre le dan bromas porque tiene la costumbre de tomar nota de cuanta tarea se le encomienda. —¡Ya estoy vieja para estas cosas! —suele expresar risueñamente—, es necesario que la juventud venga a sustituirme…

Pero hay senectudes «Doña Benja», que estimulan y dan el ejemplo, justamente porque hay muchos espíritus jóvenes que se apoyan en esa fuerza y en ese estímulo que brinda siempre la mujer, cuando aparte de ser muy familiar, muy de esposa sencilla y práctica, sabe también repartir el don inigualable de saber darse a los demás, cumpliendo el divino precepto, desgraciadamente hoy tan olvidado: Amaos los unos a los otros.

Y recién hoy, a muchos años de haber recibido de ella tanta bondad, le presenta mi corazón este mudo homenaje de gratitud.

YAMITA

Publicado en diciembre de 1945 en un diario de Baradero

martes, 30 de marzo de 2021

Día del inmigrante – 2011 por Noemí Semorile, viuda de Pando (Mimí)

 

Es mi propósito, en esta fecha honrar la memoria de las mujeres inmigrantes que, en distintas fechas y desde diferentes países llegaron a nuestro pueblo.

Ellas, pequeñas con sus padres, o adultas con su marido y sus niños, dejaron su tierra de nacimiento, sus familiares, sus afectos y tal vez sus ilusiones. Partieron rumbo a otro país de gente, paisaje, lengua y costumbres desconocidos. Sabían, sí, del viaje largo y azaroso que les esperaba. Su maleta más grande sería seguramente la de la esperanza y la fe: esperanza en el porvenir a ganar con su trabajo y fe en la mano que Dios les tendería.

Sin duda fueron las mujeres, por más sensibles y débiles, las que más sufrieron el desgarro de la partida; el corte, quizá definitivo, con lo que dejaban.

Doña Sofía Currat, mi abuela, fue la inmigrante suiza que más cerca tuve y voy a recordarla sabiendo desde ya, que muchas la habrán superado en sus virtudes y capacidades, y que, para tantas otras, sobre todo para las primeras en llegar, la lucha habrá sido más pesada, más difícil, más intensa.

La familia Ginsberg, que ese era el apellido de Sofía, llegó a Baradero en el año 1864 (17/11/1885 en el buque “Ville de Maceio” según los registros del CEMLA). Benjamina Corboz y Frederic Titus Ginsberg con cinco hijos, cuatro mujeres y un varón, vivieron en la vieja casa que existía donde hoy se levanta el edificio de departamentos de la calle Bulnes.

Muy pronto Sofía se casó con el herrero León Currat (1887), quien había llegado con sus padres y hermanos, a la edad de tres años, en noviembre de 1867.

Tiempo después, los padres y hermanos de Sofía, se radicaron en San Juan.

Mi abuela trajo de Suiza su diploma de Modista y Sombrerera. Mientras criaba y educaba a sus siete hijos, regenteó un pequeño taller de costura en la habitación más grande de su casa, la de la esquina de Santa María de Oro y Cabrera, donde muchas jóvenes criollas, aprendieron de ella el oficio de la costura.

A su profesión le agregó muchas habilidades. Como cocinera, sus platos olían como los mejores: sopas cremosas; budines; tortillas; bocadillos; papas a la suiza o papas al gratín; los fideos con manteca y queso, cubiertos con abundante pan y queso rallados y al horno bien caliente. Sus pastas caseras: tallarines, ravioles, ñoquis, los alcauciles al infierno; las hamburguesas que ella llamaba “bifes alemanes”; recuerdo por último la choucrute que preparaban en un barril de madera.

La canela siempre acompañaba a su arroz con leche y a muchos postres. La sémola con leche desmoldada sobre un plato hondo, era bañada con una salsa hecha con vino, azúcar y canela.

Sus dulces, licores y jarabes para la tos, no faltaban en su gran aparador verde, lo mismo que las conservas, pickles y escabeches.

Todo se hacía en la casa, sábanas, manteles, servilletas, cortinas y hasta colchones de lana; almohadas y acolchados de plumas.

Recuerdo a mi abuela con su tejido de cuatro agujas. En sus manos medias y guantes tomaban rápidamente la forma y el tamaño deseado.

Quiero destacar también el perfil generoso de la abuela Sofía. Ella acudía siempre en ayuda de algún vecino enfermo, colaborando con su experiencia y trabajo.

Mi madre nos contaba que en esa casa era común se alojaran suizos recién llegados, hasta que se les conseguía una ocupación y una vivienda segura.

Inmigrantes italianos, numerosos en el barrio, encontraban en la abuela Sofía orientación, apoyo y ayuda en los primeros tiempos en esta su nueva tierra.

La Sociedad Suiza de Socorros Mutuos de Baradero, la contó siempre entre las organizadoras de celebraciones y festividades. Y, ya pasados los días de intenso trabajo, integró durante mucho tiempo la Comisión de Damas del Hospital Municipal San José.

Siempre tenía a mano una golosina, un chocolate, una fruta o galletitas para el nieto que la visitaba. Paciente y cariñosa con los pequeños a quienes brindaba toda su atención.

Hijos, nietos y bisnietos hemos escuchado de ella una cancioncilla que dice así:



Ainsi font, font, font

trois petites marionettes

ainsi font, font, font

trois petits tours

et puis s'en vont

 

Y hacer, hacer, hacer

tres marionetas

y hacer, hacer, hacer

tres pequeñas torres

y luego ir

jueves, 20 de octubre de 2016

EL COMPROMISO DE ALICIA Y AMÉRICO

Bulnes 660, 1943, compromiso de Alicia Semorile y Américo Gamito que se casaron el 11 de diciembre de 1943.

En la primera foto se ven parados a Manolo Gamito, Alberto, Luis Gamito, Jorge, Lafuente y Adolfo. Sentados están Pepito Gamito, Tomás, Emilito y Américo.


En la segunda foto, están parados Manolo Gamito, Tomás, Adolfo, Mimí, Luis Gamito, Porota, Américo y Jorge.- Sentados abuela Licha, (3° esposa del abuelo José), abuelo José Gamito, Alicia y la esposa  de Manolo.



Gracias al Negro que identificó a todos en la foto! 

lunes, 17 de octubre de 2016

BULNES 660 Y SUS DUEÑOS

En esta foto de 1966, el abuelo Emilio tenía 81 años y la abuela Benja 78.


Y estas que van a continuación fueron sacadas en 1973 en distintos rincones de Bulnes 660.







viernes, 2 de septiembre de 2016

RECOLECCIÓN DE BICHOS CANASTO

Esta hermosa foto es de 1922. Se trata de la entrega de premios a los participantes de un concurso de recolección de bichos canasto.

El primer niño tomado de la baranda en la parte más alta de la escalera es Jorge Semorile, a su lado de oscuro y cara redonda está Emilito.

De acuerdo a lo que se puede encontrar en Internet, era común en esa época que en las escuelas se organizaran concursos de recolección de bichos canasto como método de control de estos insectos, ya que los “canastos” están llenos de huevos que se convertirán en larvas entre fines de octubre y principios de noviembre y, desde ese momento, comenzarán a comer hojas tiernas.


Recogiendo los canastos llenos de huevos antes de esa fecha se evitaban estos nacimientos; luego se hacían fogatas con toda la “cosecha” que, según cuentan, tenía muy mal olor.